Poesía española

Poemas en español

Dikt Me explico

Todo empezó hace una larga vida, año 13 conejo.
Debieron sedarme al momento del parto, porque,
De lo contrario, lo habría impedido con todas mis fuerzas.
Pero no entraré en lo plañidero: para eso está
La hermosa poesía de César Vallejo y el tono llorón
De ciertos saltimbanquis.
Me bastará detallar, en cambio, estos pobres huesos
Que comerán osteoporosis, esta panza regada con magia,
Estas piernas que han sentado a la belleza, estos pies que han trotado
Sobre cuerdas flojas, estas manos más dichosas
Que las del primer hombre en la luna, estos mis ojos
Que ventilan la casa de los sueños y el historial todo
De mis genes, rabiosos juguetes, cicatrices y cenizas.
De padre mago, supongo, pues desaparecía botellas; salía blanco
De la casa y regresaba rojo – dicen que guardaba pancartas
Bajo la cama-; economista hasta el tuétano: hombre
De muy pocas palabras y aliento. De madre secretaria bilingüe: habla pájaros
Y agua; de sus manos nace el maíz que soy, amiga de los niños,
Progenitora de tiernos dolores; del cordón umbilical de sus ojos
En vilo me encuentro.
A los dos años aprendí a caminar y a los cuatro a leer,
Lo cual no sería relevante si no fuera
Por el semiótico significado de su karma: a todos sorprendió
Mis pasos de retroceso y mi disléxica manera de deletrear el mundo;
Siempre pastando en desiertos, siempre de lo último al principio,
Siempre serpiente mordiendo su cola, siempre contracorriente,
Siempre imposible, nunca.
A veces recuerdo los caminos y los zacatales me hieren.
Aquí, en este parqueo, descansé; allá, en la oficina
Del gerente general de la más famosas de las pizzas, defequé;
Lo cual es usual en un bosque como el que aquí vivió, años ya,
Cuando mi pecho se deslizaba tenue entre hierba y lluvia.
Desde entonces ya parecía un lienzo de Picasso
Venido a menos, una radiografía andante
Con la naturaleza agravada y asumida
De tener una cara de Juan Pérez que con orgullo aún mantengo.
Era la época de las provocaciones y yo, materia urbana,
Navegaba en torrentes de aceras, con pelotas de plástico
Pateaba y driblaba al tiempo, miraba obtusas caricaturas,
Descifrando la escritura de la lluvia bebía barriles
De leche en vasos azules, comía nada y soñaba bastante,
Tocaba una música de trompos, chivolas y piscuchas;
Me sentaba en cuadernos y cementerios,
Sangraba feliz y empezaba a nacer,
Como un asesino en serie,
Las múltiples personalidades, los rostros
De eterno niño loco con alma de payaso y neblina.
Era la época de las provocaciones, decía;
En las calles hervían puños, a la diestra llovían cuerpos
Que años después leí con morbosa avidez, solícitos brindaban
Sus pechos los historiadores del suplicio, y bajo el día gris temblaba,
Como el amanecer de los desesperados, el árbol del miedo y el sobresalto.
Pronto cambié de líquidos, de juegos,
De escenarios, de tierras y obsesiones. Algo crecía, algo
Que inerme me tomaba por asalto y llevábame
Por impúdicas calles y furtivas casas. Era, pues,
Otro el delirio que como bello cáncer mordía mis nervios.
Estaba satisfecho y, sin embargo, tenía sed;
Calmaba mi sed y, sin embargo, estaba insatisfecho;
De fuentes de luces bebía resplandores, umbrales.
La noche desvelaba y yo velaba la muerte de mi sangre
En el cuerpo de la noche. Así las cosas.
Me llamaba Fausto en las tabernas y Pepito en las aulas,
En la iglesia salesiana cantaba cumbias de moda
Y en los partidos de Fútbol leía a Góngora.
Sacaba a pasear mi gris uniforme
Por billares, tiendas matutinas, playas verdes
Y salones donde el tiempo era humo y fuego la vida.
A menudo, alumno ligeramente aplicado, pasaba
Bajo el limbo del tiempo y visitaba con cierta frecuencia
La oficina del padre: mi alma de payaso me traicionaba,
Como al poeta eléctrico, en los momentos más decisivos y solemnes.
Allí tratábanme desde loco hasta hereje,
Desubicado, sensible, pervertido, mal ejemplo me decía
El señor de cuello sofocante cuando inquisitivo
Apuntaba su dedo índice contra mi cara y mandábame al diablo.
Así, pues, el alado polvo de aquellos soles que,
Uno a uno, fueron arrojando sombra sobre la danza de los días.
Algo inexplicable corría por mis venas como potros salvajes,
Y algo inexorable debatíase en la calle de los adioses:
La muerte bailaba un danzón y reía sarcástica
Alrededor de mis sueños, y yo la espantaba
Y me defendía con banderas, pancartas, palabras y verdades.
Luego el péndulo bruñido del tiempo
Decapitó mis celestes sueños y, como el pastor a su tierra,
Rendí tributo al pétalo que a su tiempo me cobija y soporta.
Viejo de vida y sin olvidarme de soñar, siembro
Plantas medicinales en agendas disponibles, traigo
A casa el imposible de cada día y, siempre loco,
Me vuelvo niño con el sólo soplo de otros hechizos,
Si no pregúntenle a mi nuevo juguete, esa niña
De seis años que a diario se cuelga de mi pecho.

Me acompaña, ahora que el vaso de magia está a medias,
Una música de alas y puentes, un cigarro
Que tranquilo expira en la oscuridad, una flor
Que me conoció mejor que nadie, una ciudad
En la que me reconozco, una hija
Que hace las veces de psiqiatra y,
como un animal que nació para morir,
Un espejo de río y asfalto donde me reflejo y,
Dándome golpes de pecho
Y con una sonrisa cargada de pasado,
ahora explico sus cansadas venas.


Dikt Me explico - Alfonso Fajardo