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Dikt Fruto de servidumbre

Arisca como vicuña,
De almendrados ojos dulces,
Con senos como chinchillas
Que abajo el corpiño lucen,
Inocente y tentadora,
Flor silvestre de las cumbres,
La Jesusa era orgullo
Entre las imillas púberes.

En la «estancia» y en el pueblo
Jóvenes anhelos núbiles
La codician y la asedian;
Pero ella a todos rehuye
Como un fantasma de hielo
A fuerza de pesadumbre.

La Jesusa tiene el alma
Cubierta de torvas nubes
Por eso busca el silencio
‘jampiri’ del mal que sufre.

Del alba al ocaso, sola
El rebanó conduce
Sabe como de sus ojos
Lagrimas de sangre fluyen.

La Jesusa nada quiere,
Nada pide, nada arguye;
Y su mirar que era de fuego
Hoy de cenizas se cubre.

Y así va por los caminos
En las mañanas azules,
En las tardes y en las noches
Como un ave que se entume.

En la ‘estancia’ y en el pueblo
Aymaras lenguas impunes,
Así cantan, donde quiera,
Al son de músicas lúgubres.

«El que quiera a la Jesusa,
Que bajo el río la busque,
Que, amante fiel del «Anchanchu»
Por su pasión se consume».

Y el eco, infausto, la sigue
Por el valle y la cumbre,
Como una sombra pensante
Que su existencia destruye.

Mas nadie sabe el motivo
Del hondo mal que ella sufre;
¡ y ya en su vientre palpita
Pecado que la confunde,
Del amo, odiado, la sangre,
Fruto vil de servidumbre!

Por eso, arisca vicuña,
De almendrados ojos dulces,
La Jesusa llora sangre,
A fuerza de pesadumbre.



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Dikt Fruto de servidumbre - Carlos Gomez Cornejo