Poesía española

Poemas en español


Dikt El pincel del asesino

Nada me habla de ti
Nada sabes de mí,
Sigo buscándote por el río
A la luz de un recuerdo.
Voraz, trágico y glorioso.
Tras las picadas del monte,
No encuentro un lugar
Mi alma es tan misteriosa.
Y se comienza a ahogar.

Debajo del embalsado
Busqué tu cuerpo sin par.
Rastrille el lugar como fiera
Desparramando el vegetal…
Hasta ahora no te puedo hallar.
Me pregunto si te has ido
Y a la otra punta miraste.
Buscando un nuevo camino
Donde amar encontraste…

Mi alma sufre por ti
Pregona por encontrarte.
No sabe que mi fuerza.
Solo quiso liberarte bien
No me di cuenta ese día,
Que ya no podré hallarte.
Te mató el filo de la tarde
Como muere el horizonte…
Sin saber como olvidarte.

En las noches navego el Batel.
(…) El río que te ha tragado,
En vez de soñar pienso
¿Por qué te he encontrado?
O es mi castigo final
Morir de tu mismo lado.
«el amor, ese amor ingrato»
Me has dicho tan furioso
«me quito lo enamorado»

La tarde se puso caliente
Con tu furor de forastero,
Y mi andar de cazador
Te fue rasguñando la mente
Como un simple carnicero.
Que por sangre siente menos
El dolor de un enamorado
Que las heridas de un perro.
Asesino como su dueño…

Como serpiente hambrienta
Me atropellaste ciegamente
Filo a filo el sol calentaba
Para terminar con tu sangre
Derramada en el suelo gris.
El día buscó otro matiz.
Para llenar de flores el camino.
Y el estero se hizo un nicho
Para guardar tu cuerpo. Asesino.

La noche me trajo un duende
Tu alma que me persigue
Y miré tu rostro asesino,
Y en el pajonal deje tu filo
Para cubrir mi delito, mi destino.
I mi andar de peregrino.
Que choco con lo arrepentido
De tu ser. Y lo inclino con respeto.
Porque pelear es pecado cometido.

Los cardos soltaron sus espinas,
Y el monte se puso misterioso
Que termino con tus palabras,
Cuando el viento me descubrió.
Y mi caballo se puso celoso.
Manoteando mis hombros olfateo.
El olor de tus sueños desgarrados.
Y mis manos temblorosas desconocieron.
Y nos pusimos muy enfadados.

Las miradas de mi caballo
Me puso cierta confianza.
Tome la maldita lanza
Que deje para los capibaras
Clavadas en el corazón de un cardo.
Donde el morocho esperaba.
Que termine la incrustada
Y de ese punto miraba
Como su dueño estaba luchando.

Sangre tibia por mis pechos.
Corría mojándome la camisa.
Y tu boca despedía rojas lavas;
Tus manos débiles moribundas
Por mis hombros se deslizaban
Y mis brazos no te perdonaban.
Con la voz de un sueño profundo.
Lentamente te fuiste arrodillando
Y el pantano, te fue llamando.

El sonido más agudo de la tarde
Se escuchó cuando una punta cruel,
Penetró en tu pecho de forajido.
Y un vino mal equilibrado y espeso
Fue derramando con un pincel,
La greda al borde del estero de lejos.
Brillaba como un desperdicio de miel.
Y eran sangre, con brillos de azulejo.
El sol hacia como un espejo.

Las líneas agonizantes de sangre roja
Que aquel pincel sin estar pintaba.
Que aquel pincel era el tintero sin tapa
Que inclinado sobre la hoja de la tierra.
Dejaban tiras rojas de esta pincelada.
Pero como lo dije antes de enfrentarte
No soy tu enemigo pero debo salvarme
Y no morir por tu furia simplemente
Una obra de arte hoy queda en mi mente.

Me atropellaste como un tigre
Sin importarte nada de nada.
Y de repente una puñalada
Detuvo el paso que exageraba.
Y lograste con el canto dislocar
Los tendones de mi mano izquierda.
Nuevamente otra herida lastimera
Fugazmente la herida final…
Se fue por tu corazón de piedra.

Pobre tintero ¡que desperdicio!
Aquel que solo chorreaba.
Se quedo en un lugar
Para quedarse sin tinta
Más bien quedarse sin nada
Pobre tintero ¡que desperdicio!
Aquel que sin pincel pintaba.
Pinto por última vez un río
Para que el mismo lo borrara.

El cielo apagó la luz del día
Y el monte se puso misterioso.
…entre en un gredoso valentón
Y el negro atravesó quejoso
Me fui a encontrar al montón.
Cazadores que ya estaban nerviosos
Porque su compañero demoró
Sin saber que les oculte un secreto.;
Pero mi ropa me descubrió.

Mi camisa en el manantial.
Se quiso pintar de verde
Y sacar la roja sangre espumosa.
Hoy tu recuerdo muerde
De esa infernal tierra gredosa.
Y recuerdo…como el asesino
Con mas desafió entraba
Y el sabor de tu mirada.
Eran miradas muy penosas.

Por el mismo lugar pasamos
Y los cardo todos aplastados
Me mostró el lugar justo.
Y a preparar mi apero quede
Y cuidado puse cuando divise.
La foto de una figura femenina.
Seguramente la engañara.
Que el con voz repentina.
Al morir Sandra, Sandra decía.

Mire los cuatro puntos;
Que el continente me ofreció,
Y mi camino apurado seguí.
Con el filo ya desgastado,
Del puntiagudo metal.
Al galope de mi caballo le ofrecí.
El sabor más enamorado
Que contuvo el manantial.
Con la sangre de un decepcionado.

La jornada cuando termino
El forajido me erró un puntazo
El mió… bien colocado le acertó
Perforándolo bajo el brazo.
Otro intento más dio cruelmente
Pero tras y fatal consciente.
Al pecho le deje el final ¡no sé como!
Fue tan fugas y muy de repente.

Dejo un charco lamentado de sangre
Desparramada en el camino
Tierra gris como si tuviera sed
Del cardal tragara un poco de vino.
Y el manantial dulce y voraz.
Velara su cuerpo como un niño;
El cardal puntiagudo y tenaz
Haga llorar al ángel que vino.

Quedo en mi mente el recuerdo.
Como flores de otoño en mayo.
Llegó el día sin saberlo
…el cumpleaños de mi madre
Yo el secreto guardaba tiernamente.
Y hoy tus amargas como la noche.
Que se siente tan callada
Que deja el brillo de la luna
Para tu vela. En las noche sollozadas.

A las cinco de la mañana;
Después de descansar intranquilo
En el segundo puesto blanco.
Vi. Las pisadas del combate decisivo.
Frente al manantial tan manso
Silencioso con un solo objetivo.
Ocultar el delito bajo su remanso.
Al tronco de la palmera alcé
La figura que él lamentaba tanto.

Como poca importancia me dio
Levante. Mire, y volví a tirar.
Sentí un alivio y un sueño
Ni al viento le deje pensar
Porque esa noche no dormí.
Mi miedo era que al regresar
Los demás me logren descubrir
Y después me largue a llorar.
Sentí las ganas de no vivir.
———————————-
Cuanto tiempo ha pasado.
De este presente inocuo.
Que rastrilla en mis sueños
Un temible forastero.
Que pienso de ese momento.
Y me lleva a este cuento.
Tal como un prisionero.
Que estuviera lamentando
En la cárcel su condena.

Pues este es mi delito.
Que me apresa de este crimen
He robado sin querer tu vida
He asesinado tu débil persona.
Mi andar como una paloma.
Que vive en lo tejado de la iglesia.
Más débil, mi mente necia
Cuando tu recuerdo se asoma.
En sueños para ser policías.

Que temible es tu presencia
Me obliga a escribir este hecho.
Por que entra armado al pecho
Ese recuerdo imborrable
Que llena mis pensamientos
De angustias en soledades
En medios de los cardales
Los sueños de mi mente
Traen todas tus maldades.
Los años que pasaron juntos
Como una trenza de cueros
También junto a mi alma
Se trenzaron tus recuerdos.
Un día llegue a la comisaría
He visto tu foto en negro.
Estaba como un asesino.
Pues en cuanto estaría
Las causas de tu destino.

Quizás te sigan buscando.
Y aunque sean tan sabios
Solo yo te encontraría.
En medios de el embalsado
Tan solo esta tú alma.
Porque entre cocodrilos
No armaría el rompecabezas
Ni si mataran docenas
En medios de la malezas.

Pues digo otra vez que tu pincel
Pinto una obra imborrable
Tan solo para mi mente.
Hay una cosa que los he pintado
Tu furia de salvaje y asesino
Quizás la gota de vino
Fue tu sangre para emborracharme.
Y talvez por esto te escribo.
Porque no quiero acordarme.



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Dikt El pincel del asesino - Esteban Del Pilar Arriola