Poesía española

Poemas en español


Dikt Suspiros

Si fuera poeta y pudiese fijar el revoloteo de las ideas en rimas brillantes y ágiles como una bandada de mariposas blancas de primavera con alfileres sutiles de oro; si pudiera cristalizar los sueños en raras estrofas, haría un maravilloso poema en que hablara de los suspiros, de ese aire que vuelve al aire, llevándose consigo algo de las esperanzas, de los cansancios y de las melancolías de los hombres.

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Y para huir de los suspiros de convención, de las romanzas sentimentales, llenas de luna de pacotilla y de ruiseñores triviales, hablaría de los suspiros angustiosos que flotan en el aire espeso e impregnado de olor de ácido fénico, en la luz dorada de los cirios, entre el aroma vago de las flores mortuorias, cerca de aquellos cuyos ojos, cerrados para siempre, guardan las huellas violáceas de los últimos insomnios, y cuyos labios se ajaron con el frío de la muerte…

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¡Ah no! Ese suspiro sería demasiado triste para hablar de él; su recuerdo haría nublarse los ojos nuevos de las lectoras, los ojos oscuros unas veces como noches de invierno, azules y claros otras, como el agua de los lagos quietos.

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Para que no se nublaran, hablaría del suspiro de voluptuosidad y de cansancio que flota en el aire tibio de una sala de baile, iluminada como el día, reflejada por espejos venecianos; del suspiro de una mujer hermosa y joven agitada por el valse, cuya piel de durazno se sonrosa, y cuyos dedos de hada estrechan febrilmente el abanico de plumas flexibles que le besan la falda; del suspiro sensual y vago que se pierde entre las blancuras rosadas en el aire donde palpita el iris de los diamantes, donde la luz se quiebra en el aire de los rubíes, en el azul misterioso de los zafiros, en el aire que arrastra tentaciones de ternuras y de besos…

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¡Ah, no! Ese suspiro sería demasiado dulce para hablar de él; su recuerdo haría arrugarse la frente cansada, y blanquearía las canas de los filósofos, por cuyas venas no corre, en oleada ardiente, la sangre de la juventud. Para que pudieran leerme, hablaría más bien del suspiro de cansancio de un viejo, de un suspiro oído una tarde de otoño, en el camino que va del pueblo al cementerio, un camino donde rodaba la hojarasca empujada por el viento; donde un hilo de agua dejaba oír su queja monótona; donde los árboles, envueltos en niebla, tomaban extraños aspectos, y en cuyo horizonte entre las nubes frías y húmedas, se ponía el sol. ¡Oh! Aquel suspiro parecía salir, más que de un pecho humano, cansado de la vida, del paisaje mismo, del cementerio donde duermen los huesos bajo la yerba, de la vegetación quemada por el frío, de las oscuridades vagas del horizonte; parecía ser una queja de la naturaleza deseosa de dormir en definitivo descanso, fatigada de su tarea eterna, de la sucesión infinita de los veranos y de los inviernos, de la luz y de la sombra…

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¡Si fuera poeta y pudiese fijar el revoloteo de las ideas en rimas brillantes y ágiles como una bandada de mariposas blancas de primavera con clavos sutiles de oro; si pudiera cristalizar los sueños; si pudiera encerrar las ideas, como perfumes, en estrofas cinceladas, haría un maravilloso poema en que hablara de los suspiros, de ese aire que vuelve al aire, llevándose algo de los cansancios, de las esperanzas y de las melancolías de los hombres!

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Aun siendo poeta y haciendo el poema maravilloso, no podría hablar de otro suspiro… del suspiro que viene a todos los pechos humanos cuando comparan la felicidad obtenida, el sabor conocido, el paisaje visto, el amor feliz, con las felicidades que soñaron, que no se realizan jamás, que no ofrece nunca la realidad, y que todos nos forjamos, en inútiles ensueños.


Dikt Suspiros - José Asunción Silva