Poesía española

Poemas en español


Dikt Lapidado

I

Quiero comenzar
Echando fuegos
Incinerar aún más
La capa desnuda
Que como lava fría
Sirve de piso
A mi espacio vital
Escondido hueco enceguecedor
Que eliminó cualquier vestigio
De representación de un edén
Despierto y le doy cuerda
A mi imaginación que concentra
Miles de vivencias

II

El edén está situado
En el interior de una cárcel
De altas murallas
Rodeada de soldados
Con armaduras relucientes
Escudos, adargas, espadas
Y catapultas
El loco que habita en mí
Ha querido fugarse
Por los albañales de la fortaleza

III

Paisajes arrasados
Simulan espejos
Donde gravitan edades geológicas
Como altorrelieves
Que son observados desde el atalaya
De mis verdosas colinas

IV

Me vi en fondo de un río perdido
Un rostro risueño con yelmo
empenachado
Se descompone en millones
de partículas
Que cierran la cuadratura del
círculo
Nieves perpetuas apenas
Modifican la frente sudorosa
De aquel paisaje solar
Herido por las altas temperaturas

V

La barcaza de tus captores
Te obligan a marchar
Por ríos tropicales infestados
De cocodrilos aburridos
Anacondas del mismo color
De las aguas
Mujeres de rostros contraídos
Ocultan una pena que difícilmente
Los cazadores de infieles
Podrán borrarlas con cuchillo
Soga y violación

VI

Los misterios de mi pequeño mundo
Los amplía las rozaduras
Que le hacen cada nuevo forastero
Desesperado por dialogar y viajar
A remotos confines
Por donde deambulan
Cruzados de las órdenes del temple
Los hermanos del santo sepulcro
Y la hermandad teutona

VII

Hoy te canto Inés de Hinojosa
Con la autoridad suprema
Que me da la cercanía
De mis orígenes
De aquella ciudad castiza
Recién fundada de casas
De tapia y encaladas
Con olores de plantas y animales
Vivos y resinas perfumadas
Que trazaron tu destino
Allí sacrificaste a Don Pedro de Ávila
Tu primer marido
Varios estoques clavados en el
Pecho lo despacharon sobre
Tus empedradas calles
Carora ciudad pecadora
Condenada un siglo después
Por monseñor Mariano Martí
Jorge Voto bailarín y asesino
Apuesto y gentil hombre
Cobraste el crimen gozando
El cuerpo perfecto
De la viuda ardiente

VIII

Inés y Juana
Pájaros heridos
Y fulminados después
Lunas acuosas
Que apenas iluminan sus pieles
Brotadas de fuego
El árbol del que cuelga Inés
Será talado y aserrado
Para convertirlo en arquitrabe
Y columnas de la iglesia
De San Juan y llayas
De San Dionisio

IX

Juanita de Hinojosa
Se refugia en cráteres
Que fueron antiguas moradas
De grandes paquidermos
Adormilados en urnas de
Cristal con leyendas rubricadas
Con la ayuda de una vieja
Rémington
Hetaira meda
Con ropas de seda y muselina
Gimes sin disimular
Mientras un borracho
Con falo enhiesto penetra
Tus carnes sin mediar palabra

X

A mi padre en su memoria
Después de convertido en polvo
Cósmico – héroe – poco historiado
Conjunto de guerrero y ópalo
Sin cara decorada con achiote
Blandiendo una hacha de piedra
Venado, serpiente, pájaro
De variados colores y música
De conservatorio
La greda y el semen
Fundaron una raza
Para ser cazados y disecar
Sus cabezas para que sirvan
De percheros

XI

Al abuelo enigmático
Guerrero de la secta secreta
De Hassam el medo su cuchilla
Ex-calibea no conoció
Reparo para cortar vidas
Aves neutralizadas al sólo
Pestañar sobre el árbol venenoso
Que se adorna con flores blancas
De las que chorrea una resina
Que se pega a la piel y cauteriza
Dejando una cavidad podrida
Donde la escama marrón
Traza una línea fronteriza con los
Leucocitos

XII

En una playa de arenas cálidas
Jóvenes guerreros muestran sus
Coronas emplumadas de variados
Colores
Una hecatombe borró
Miradas de gavilán y el
Cristofué, también de la cotorra
Y el jaguar que por ese motivo
Cesanteó su mandíbula
Fatal
Como cualquier pareja edénica
Necesité mi propio barro

XIII

Mi padre como cualquier rabí
Le sacó a mi madre siete demonios
Purificada la novia-viuda
Vivió en su propio huerto de los olivos
Con cayenas, olivos machos, cujíes
Semerucos y ceibas
La rutina de la hortelana
Se había acostumbrado a la luz
Opaca, la humedad, la fragancia
De los bosques y los miles de seres vivos
De ésta vía láctea

XIV

Guerrero descastado
Que recorrió los puertos del oriente
próximo
Haciendo votos de castidad
Pobreza y obediencia, monje
Soldado que sólo
Quería ser enterrado dentro de las
Murallas de la Jerusalén cristiana

XV

Los muros destripados de la muralla
La docena de cadáveres diseminados
En todas direcciones, espectáculo
Reservado al gran saladino de
Egipto. Distante orbe de
Dualistas náufragos en orillas
Distantes de mares sin albatros

XVI

Perro olisqueador de sexos
Sólo un serrallo transportado
Por caravanas cubiertas de vistosas
Telas, acompañan a Alejandro
En su expedición a la India

XVII

Intruso de habitaciones sin ventana
Sin cerraduras y menos de llaves
Demonio lúbrico que eyecta
semen
Al menor roce

XVIII

Reo de una vieja cuidadora
De la memoria hierofónica de una
Antigua creencia
Sacerdotes
E iniciados en contacto con
Zoroastristas de Persia, copulan
A gatos negros, se masturban
Sobre un crucifijo y adornan
Una cabeza sobre una bandeja

TENDIDA DE MANO

XIX

Ave que enmudece
Como producto de un rayo
Pulverizador. Las noches
Cayeron sin esperarlas
Durante veinticuatro años
Clima polar que acabó
Con la vida, sólo cenizas
Y cuerpos congelados

XX

El milenarismo frecuente
Nos enturbia la vida
Una y otra vez
Cuerpo aterido busca
Calentarse en una aparente
Hoguera en el centro de un
Vasto mundo, sin insectos
Y sin grandes aves

XXI

La montaña aparece en la
Mañana, con el clarear del día
A mediodía se dispersa en el
Océano de arena, la tierra
Trae su marea de pinzas
Y patas que sube a la superficie
Desde la corteza cavernosa

XXII

La ciudad se pierde en múltiples
Luces, a lo lejos asemeja
Una montaña de cristales
En roce permanente
Homo sapiens herido
Se embriaga como bestia
De los primeros días
Vendrán los días en que
Una lluvia de polvo y ceniza
Tapice este cielo

XXIII

La isla de Fernando Po
O isla de Bioco sorprende
Por la negrura de su selva
El volcán presencia cómo
Bestia prehistórica de aquellos
Nubios del Cantar de los Cantares
Carlitos Bacale no vino
A América con cepo y engrillado
Raza de ébano que enciende
Velas durante el día sin
Motivos aparente para no
Apagarse mientras tanto
Las fastidiosas moscas sopetean
Unos panes expuestos al desesperante
Calor húmedo

XXIV

A veces siento una gran orfandad
La misma de mis antepasados
Solos y demolidos por el cansancio
De girar en redondo

XXV

Cuando pasan preguntando por los míos
Enmudezco por minutos
Días y siglos
No se han ido
Conviven en mi atolondrado horario
De silencios, soledades y circunloquios
Uno sólo está con vida
En un sanatorio de los altos de Yaracuy
Su cuerpo se desmorona lentamente
Cuando sólo le quede el torso
Lo traeremos en desfile

XXVI

La noche se hizo para ver seriales de TV
Para rascarse el culo y la entrepiernas
También para ocuparse del cansancio
Del caminar y el ciclismo
Esta noche quiero entregarme
A las corrientes de los ríos
De los vientos que bajan de la cordillera
Metamorfoseado en una pesada águila
Descender en unos paisajes ignotos
Donde es difícil ver la luz del sol

XXVII

La estirpe se funda con un abstemio
Y una judía
El abstemio murió invadido por fantasmas
Y la judía desapareció
Entre calles y habladurías

XXVIII

La memoria es una granada fragmentaria
Cuando explota en mi cara
Me hunde esquirlas en mi cuerpo
Me duele todo
En especial cuando paso revista
A los objetos
Unos perdidos y otros anómicos

XXIX

De los malditos materialismos
Sólo me queda
Una trapa de cuasi-ascetas
De las batallas perdidas
Sólo queda el consuelo
De pararnos de nuevo
A fin de que nos vuelvan a derribar

XXX

El primer ídolo de mi altar particular
Es un ángel de cemento pintado de rosado
Con armazón de cabilla
Con verdadera propiedad sobrenatural
Una madre se aferraba a él
Hoy luce careado, fracturado
La estructura de cabillas
Y el rostro sin nariz
Evidencia que por aquí pasó
Un terremoto

XXXI

El hermano Domingo Sánchez
Siempre me ha brindado
Su solidaridad a la hora de las chiquitas
Mi hermano el brujo lo evoca
Aspirando tabacos de mala calidad
Que se queman de desigual manera
Que pensará el hermano Domingo
Con tanta suciedad modernista
Que le echan en su altar
Un ave triste hace escuchar su graznido
En la tarde infernal
Las velas chisporretean mientras algunos
Torsos se contonean en el estrecho lugar

XXXII

La casa fue perdiendo brillo
En la medida en que sus habitantes
Iban cayendo uno a uno
Los muertos pidieron la desocupación
A los vivos y los muertos de miedo
Le facilitaron el negocio

XXXIII

De esa casa fea, húmeda y llena de bichos
Me quedan las alergias, los pies de atleta
Y mi soledad acostumbrada

XXXIV

Mi madre toda alegría ella
Un día no se incorporó más
Sólo alcanzamos a vestirla
Con el vestido de paltó de tiendas Gina
Para que fuera al paraíso bien presentada
Todas las golosinas que comía con fruición
Las grasas animales que engullía a escondidas
Se fundieron en el formol
De la pavosa botella que hube de adquirir
Aquella triste madrugada

XXXV

Mi pálpito de muerte
Se desarrolló en mí desde el clarear
De la vida
No esperé la tarde con el sol
En las espaldas
Viejo saurio de cuello encrestado
Que se asoma a una tierra
A la espera de la última glaciación

XXXVI

El síndrome edípico
Impide que surjan las vidas muertas
De ese calidoscopio
Que es mi existencia
Clepsidras y hepdomarios
Puñales y venenos
Recogerán las historias fosilizadas
De una cronología sin término

XXXVII

Ahí yace con flores vencidas
Sobre su pecho recogidas
De forma nerviosa para la ocasión
Una serpiente abandona su refugio
En el pedregal soleado
Del abandonado cementerio

XXXVIII

Todas las vidas de un gato
Jamás emularán mi paso raudo
Por la existencia instantánea
Un murciélago se posa en la mata de
caujaro
Esa ha sido su dieta desde que
columpia
En el alto techo de la pieza pudridero

XXXIX

Cuando se vaya la época de las lluvias
Con relámpagos y truenos
Que buscan ponerse por los lados de Aregue
Apretaré los pasos para bajar
Los doscientos gramos de ley
Para así sobrepasar los años matusalénicos
Y orinar en este orbe descuadrado

XL

La grafía sigue molestando
A los censores monárquicos del orden
En una cultura documental
Se desprecia la oralidad y el ingenio
Que pueda albergar un ilota
Para resistir

XLI

Todo este laberinto de caminos
Sólo conduce al río seco
De mis pasados afectos

XLII

La larga y espesa prole
Sopesará esa necropsia existencia
Los insectos se posan
Sobre plantas consideradas
Repelentes

XLIII

El sol cuesta para que se oculte
Rayos que convierten a los sujetos
En objetos de barro
Del megaterio al olicornio
Hay un largo trecho
De los grandes reptiles
Surgieron los chivos
Que ayudan a ser menos miserable
A esta tierra de los confines del Estigia

XLIV

Qué hago en tiempos difíciles
Sentarme sobre un pan
Sobre una piedra de moler maíz
O hojeo un libro de un autor
De mis afectos

XLV

Transido de penas y llagas
Emprendo la marcha
A las profundidades del pozo
Sin brújula ni astrolabio
Sólo un gato negro
Y los dos murciélagos del cuarto
Por compañía
Para retirarme a la dura tierra amarilla
De mis orígenes

FE DE ERRATAS Y TRISTEZAS

XLVI

Suelo levantarme de madrugada
Porque ya el cuerpo no puede más
Con ese sueño de dolores musculares
Y comidas pantagruélicas
En la cena.
A decir verdad algo me dice
Que tengo que sentarme
En la mesa del comedor
Para leer el periódico del día
Y el libro acostumbrado
Del rigor y el entrenamiento
Cuando todo se haga tinieblas
Vendrán las desmemorias
Y tan sólo un nieto
Recordará a un viejo maniático
Evocador de cuerpos femeninos
Sólo eso quedará del fundador
De la estirpe de ocre
Y la resolana

XLVII

Un cuento es el que soporto en las postrimerías de la vida. Estiro lo más que puedo esta vida de la rutina deportiva y del deseo. Sólo quiero amanecer con vida para recoger mis enseres y reiniciar el trabajo inconcluso del día anterior.

XLVIII

Qué hace un bicho caminando en línea recta?, repitiendo las marchas de las obesas y los jóvenes apolíneos. De efebos está lleno el bazar de la ideología. Cuando termino mi hora de recorrido, respiro largo y me siento realizado en mi fuero interno; ya que quemé mis 300 calorías del día.

XLIX

Poseo un detector de mentiras, con el que me interno en la jungla de los sentimientos ajenos; prefiero envilecer con abundosas carnes, antes de cometer el desatino de repetir la noria – que me acompañó – durante estos años desperdiciados.


Dikt Lapidado - Juandemaro Querales