Poesía española

Poemas en español


Poema Dieciseisavo anuncio

Llegamos a la ciudad temible
donde los corderos se columpiaban en alambres
rondaban patrullas de lenguas, calvos ancianos de negras capas
era nuestro lugar de siempre, nuestro dormitorio estaba en un ascensor
luego de verificar cada rincón, de edificar ciertas alusiones
le prendimos velas al cadáver de la distancia
llegamos a acostarnos, a copular, alguien movió la palanca
y descendimos al subterráneo, las paredes eran distintas, estaban llenas

de repisas que a su vez estaban llenas de tubos de ensayos sucios y
vacíos
por una rendija se oían gritos, se veía la sombra de corderos
columpiándose
la intermitencia de esas patrullas de lenguas estaba en nuestras bocas y

en tu vagina
de nuestro dormitorio, salían alusiones a la piedra y al agua,
llegaban a todos los rincones de la ciudad.
Vi todo lo tuyo y no eras más que la inocencia del relámpago sobre la
cama
nada más que la gran oscuridad de un parque
ven te dije, ven oh pájaro antes que la altura sea estrangulada
ven a mi, dijiste porque después que nos amemos, las nubes entenderán el

desgarro.
Alguien movió la palanca, otra vez ascendimos
vistes todo lo mío, la gran oscuridad de un parque
y yo amordazado sobre la mesa uterina
vistes al que quería partir, como lo iban siguiendo esas olas
que eran los áureos carpinteros
como iban ofreciéndole verle desde todos los ángulos a la vez
para que así pudiese guardar memoria y extinción, como dos maceteros
distintos.
Vistes al que quería regresar, como las olas estallaban
y en el camino se encontraba con nidos inasibles, puertas y tatuajes
la gran oscuridad de un parque, memoria y extinción sobre la mesa
uterina
mientras la sangre nos dimensionaba.
Llegamos a la ciudad temible, de prisa a nuestro lugar de siempre
llegamos a acostarnos, a copular, a ver todo lo nuestro, esas alusiones
que salían del mar
porque el mar era la víspera de nuestros cuerpos
y llegaba el turno de ellos, quienes nos traían en bandejas esas cabezas

de corderos
cabezas vertiginosas, por cierto, prueben de esa sangre, se oía por las
rendijas
porque cada vez que alguien lo hace el torbellino se persigna
prueben ponerle esa cabeza de cordero al cadáver de la distancia
mezclen esa sangre con la vuestra, decían los calvos ancianos de negras
capas
mientras se acciona de nuevo la palanca, cambian de nuevo las murallas
por las rendijas se oía como respiraba la neblina,
como si tuviera el resultado de piedras y de aguas,
ese que tienen nuestros cuerpos cuando duermen
sabréis oh hombre y mujer como regresar tanto del ángel que araña el
fondo
del mar,
como de la inocencia del relámpago, ah en definitiva de la gran
oscuridad
de un parque
sabréis como mover la palanca a vuestro favor o acaso vuestros cuerpos
no
vuelven juntos,
justo cuando las grietas perdonan lo que pasa dentro de las nubes
y las alusiones rodean por los cuatro costados a la ciudad temible.


Poema Dieciseisavo anuncio - Rodrigo Verdugo Pizarro