Poesía española

Poemas en español

Dikt Troya

No estuviste en Troya, Helena;
tus pies no conocieron esa tierra.
La guerra se inició allí
por el fuego de tanto deseo.
Más que nadie te amó Homero
Para urdir ríos de palabras
en el nombre de tu ausencia,
para ver la acumulación de las armas
donde no había nadie,
para ver el tumulto de las naves
donde no había nada.
Mucho debió amarte para imponer tan duro cerco
a toda una ciudad
para arrancar de la voluptuosidad de sus vinos
y de sus lechos
a tanto dios vengativo,
a tanto héroe desdichado.
Cuánta sangre, Helena, cuánto sudor
para trepar los muros inexistentes.

Las flechas son ahora nubes
que en las nubes se pierden
para volver como lluvia
que embarga los corazones.
Mira el llanto de ese hombre viejo.
Sólo quiere rescatar del barro el cuerpo de su hijo.
Cuántas vueltas, Helena,
cuántas vueltas alrededor de los muros imaginados
cuánto más habrá de durar todo esto.

Tersites fomenta la traición en los campamentos.
Es como un fantasma que repite que en el amor
hay que complotar.
Pero Homero no oye,
y pronto vuelve al norte
de sus pesadas picas
y del noble desafío.
Todo es terror ahora
cuando el rey de los mirmidones
ejerce su invencible venganza.
Pero más invencibles
son tus paredones, Helena,
que requieren tanto sacrificio.

Dentro de la ciudad cunde la desesperación.
Alguien debe transar con los dioses.
En el humo,
entremedio de las desperdiciadas almas
que el incienso redime,
han visto levantarse un gigantesco caballo sobre la arena.
Eso no puede ser un regalo, Helena;
Sólo puede ser la infinita trampa del amor.
Más que nunca debes guardar tus murallas.
Mira que no sea tarde,
que no extravíe Homero a los héroes en el océano,
que no ciegue a los cíclopes,
ni nos haga beber su temible brebaje.
No cedas al canto de las sirenas
y sobre todo, que no te toque Paris.

Huye, mientras puedas, del enceguecido poeta.
Que no amenacen las lanzas
a los hogares y el furor duerma distraído.
Que no abra sus labios,
que no cante la diosa.


Dikt Troya - Cé Mendizábal