Poesía española

Poemas en español


Dikt Primera confesión

Para acercarme a tus manos tengo que inventar un jardín.
Eso lo supe desde un instante muy remoto en el tiempo:
Cuando nos descubrimos aquella tarde en el cristal de Alejandría.
No sé si yo era real, pero tú acababas de revivirme en tu memoria,
Y eso bastó para que la noche se incorporara de sí misma con rumor de destino,
Aleteando entre las sombras de los semidioses complacientes.

Tú, la muchacha descalza, caminabas contra mi pecho;
Y al tocar con tu energía fabulosa el río de mi piel,
Me convertiste en vapor excelente y cobarde,
Cruzaste por mis membranas como por una Vía Láctea fecunda y fantasmal,
Te deslizaste con sigilo sutil bajo mis genitales venturosos,
Y seguiste adelante, por esa ruta fácil donde ya para siempre debía transitarte,
De seguro marcado por la respiración del poema recóndito.

Los siglos son hisopos obedientes desde aquel atardecer.
Los milenios resplandecen como las ajorcas de tu misterio imaginado.
Si tuviera que describir esa ilusión feliz tendría al final que desprenderme
De todos los orgasmos de la fantasía, y quedarme solo y desnudo,
Transfigurándome en un profeta más poderoso que su Dios.

¡Y esas son las demasías que mi condición de obrero transpirante no permite!

Después, llegaron las épocas del éxodo.
Tuve que huir hacia el futuro para alcanzar tu palidez,
Reclinándome cada primavera en el dilema de estar vivo.
Las puertas infinitas de la mar océana me acogieron como al hijo pródigo.
Desembarqué cien veces en el viejo muelle del presentimiento,
En busca de otra ciudad como la nuestra, con sus espejos y sus travesaños.
Pero todos los veleros me llevaban de vuelta hacia la soledad,
En un círculo atormentado por las celestes recriminaciones.
Si soy humano, el fuego cumple en mí su cruzada contra los nómadas arcángeles.
Si soy divino, la armonía feroz asume la tarea de derrotar mis sueños húmedos.



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Dikt Primera confesión - David Escobar Galindo