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Dikt Cómo cantaré yo en tierra extraña

¿Cómo cantaré yo en tierra extraña
Cantar que darme pueda algún consuelo?
¿Qué me aconseja amor en esta ausencia?
Mi mal es fuerza, tu voluntad maña;
A la seguridad vence el recelo,
La desesperación a la paciencia.

Si pienso que me veo en tu presencia,
Mi pensamiento está tan abatido,
Que siempre finge cosas de pesar:
Tu soberbia, tu saña, tu desvío,
Que en la ocasión me falta el albedrío,
Pues cuando quiero no puedo hablar,
Que pierdo la razón, mas no el sentido.

En tu presencia estoy y estó en tu olvido,
Olvido en que jamás habrá mudanza,
Y acuérdaste de mí para dañarme;
No te acuerdas de mí, mas es costumbre
Ser en esto cruel tu mansedumbre,
Y yo de, diligente, condenarme
En tu descuido y mi desconfianza.

Amor, amor, que quitas la esperanza
Y en su lugar das vana fantasía,
¿qué bien tiene el morir si no lo siente
Quien es la causadora de este daño?
No quiero que deshagas el engaño;
Quiero que sea razón y no acidente
Lo que pueda vencer a tu porfía.

Si yo, señora, viese que algún día
Volvías tus dos soles a mirarme
Por voluntad y no por ocasión,
Pensaría que estaba en tu memoria.
Mas ¿cómo bastaré a sufrir tal gloria
Que un punto de ella es más que mi pasión?
Con tanto bien no puedo remediarme.

Del pensamiento querría yo ayudarme
Si él me obedeciese a mi contento,
Mas no para pensar cosa liviana
O que sabida pueda darte enojos;
Pensaré como muero ante tus ojos,
Que procede mi pena de tu gana,
Que das alguna causa a mi tormento.

La vida pasaría en este cuento
Con esperar de alguna buena suerte,
Mas ¡ay de mí! que no puede venir
Ni cabe en mi jüicio tal locura.
De mi cuidado hago sepoltura,
Y en soledad y tristeza mi vivir,
No vida, sino sombra de la muerte.

¡Oh señora, si yo pudiese verte
O quisieses saber tú cuál estoy,
Harto alivio sería para mí
En tan extraño mal como padezco!
Las noches y los días aborrezco:
Maldígome en la noche porque fui
Y, cuando viene el día, porque soy.

También maldigo el lugar a donde voy,
Y el tiempo porque pasa y no te veo,
A la hora que te vi y a la sazón,
Que siempre la procuro y no la hallo.
Si hablo me maldigo y, cuando callo,
La voluntad maldigo y mi razón,
Y tu aborrecimiento y mi deseo.

Cuantos males sospecho, tantos creo,
Y juzgo lo que ha de ser por lo que fue,
Revolviendo mis quejas de contino
Por ver si tienen medio o lo han tenido;
Mas, como ni lo espero ni lo pido,
Como ciego que va por el camino
No veo dónde voy ni dónde iré.

Muéveme el deseo y ciégame la fe;
Muchas veces querría disimular,
Pero descubro más disimulando;
Liviano es el cuidado que decirse
Puede, y el que no puede sufrirse
Él mismo se descubrirá callando,
Que no presta ser mudo ni hablar.

Ni reposo con dormir ni con velar:
Velando pienso en lo peor que puedo,
Paso cosas que no quiero creer;
Durmiendo sueño aquello que he pensado;
Como el hombre que duerme de cansado,
Sueño que caigo y no puedo caer
Y en lo más alto estoy con aquel miedo.

Muero cuando me mudo y, si estoy quedo,
Busco piedad y caigo en la sospecha;
Y no hay de qué tener este cuidado,
Que todos son contigo lo que soy;
Mas ellos, si no van por donde voy,
Podría ser hallarse en buen estado,
Pues lo que a uno daña a otro aprovecha.

Llamo la muerte como cosa hecha,
Y viene, mas no llega a su lugar,
Que no consiente amor ni lleva medio
En tanta soledad morir por ruego;
Fuerza querría que fuese, y fuese luego,
Que el mayor bien es el postrer remedio
En mal que no se puede remediar.



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Dikt Cómo cantaré yo en tierra extraña - Diego Hurtado de Mendoza