Poesía española

Poemas en español


Dikt Muchachos en un entierro

Estos hijos mios han ido hoy
por primera vez al cementerio.
Disciplinados voluntariamente
y un poco serios,
se han estado vistiendo.
El se ha puesto chaqueta y corbata
y zapatos negros.
Ellas han buscado entre sus vestidos el menos
llamativo, el que hoy por vez primera
se necesitaba discreto.
Han hablado poco y me han mirado mucho
y en silencio;
casi a hurtadillas,
como pensando y creyendo
que era cosa de mayores
esto de los muertos.
«¿Qué hay que decir? «… «¿Cómo lo hacen? «…
«¿Cuánto dura un entierro? «…
Los tres iban y venían
como preparándose para un festejo;
los tres – ellas decían: » ahora van las mujeres
también » – se tropezaban, más tiernos
que otros días, hablaban
como más certeros;
se compadecían con la muerte
un poco sonámbulos y, sin saberlo,
entraban -! con qué audacia! –
firmemente en su reino.
De pronto han visto que morir
tiene también su argumento,
sus entradas, sus salidas
y su inevitable acto tercero.
Iban a la representación,
creo,
con un poco de curiosidad
y otro poco de miedo,
y hasta con un pedacito de la pena
del amigo huérfano.
Estaban solos de mí ante la muerte
porque yo no conocía al caballero.
Eramos como dos mitades de un fruto
nunca visto por dentro.
y se miraban, y me miraban,
y no acababan de entenderlo.
Aunque no sonara mi voz,
ellos
eran
el eco…
«Un día somos espectadores
y otro día seremos
protagonistas,
centro.
EStamos en primera fila
o en la última, donde casi no vemos,
donde casi no oímos…»

«No; no era muy viejo…»
Y vuelven a mirarme
detrás de un extraño hielo,
desde la otra orilla de un río
que no cruzaremos.
Una sombra
hay en medio
del agua, una barca
sin remos.

Apenas hemos hablado
cuando han vuelto.
Venían de asomarse a la boca ávida
de la tierra, al secreto
último,
y han dejado pasar el cortejo,
sin acercarse mucho.
El regreso
era la vida misma. Y el viento
movía ya
de nuevo
las altas ramas de los árboles
de nuestro
«Parque
pequeño».
Ha sido mejor no acompañarles,
no conocer al caballero.
Han asistido solos a un ensayo «con todo»
de lo que tanto temo.
Sé que un día
incierto
«se quedarán los pájaros cantando»;
pero
¿quién dijo
miedo?
Al fin y al cabo, la muerte
no es más que eso.
A las seis de la tarde todo ha pasado,
todo empieza a alejarse en el tiempo.
A las siete de la tarde mis hijos se han puesto
otros vestidos y se han quitado
los zapatos negros.
Era como si la muerte hubiera aflojado
sus dedos.
Otro día se quedarán solos con ella,
solos y compuestos.
Mañana, mañana, mañana…
O luego, luego luego…

Es mejor que yo no haya ido
al cementerio
porque no conocía
al caballero.


Dikt Muchachos en un entierro - José García Nieto