Poesía española

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Poema Al fondo el agreste paisaje. la inusitada noche

Hace unas horas, me asomé a la ventana. saldremos de un sitio para entrar en otro, nos ratifica la tarde.
Deletreo el espectáculo del que somos inseparablemente los cuerpos (¿los únicos cuerpos?).
El umbral. la inteligible morada.
A nada he renunciado cuando a ciegas descubro al niño que corre detrás de su pelota.
Y veo al ómnibus cerca. la muerte.
En la ventana un geranio se aferra a la frontera por donde las voces penetran agujereando todo lo material,
Develando el vacío. gustaba de tomar esos vinillos a la hora de la cena.
Con posterioridad mi mano no pudo alcanzar la pelota y el niño sigue donde antes.
Al fondo el agreste paisaje, la inusitada noche nos devuelve la arboladura.
A ciegas tomo un candil para desmentir el universo que penetra, la desnudez que me abriga.
He tenido demasiada suerte de que la lluvia sea irrepetible. un salto. el vendaval.
Siento el gemido de las ánimas cuando parsimoniosas cruzan la penumbra en desasidas imágenes
Como un soplo de luz por la ribera.
Los días van transcurriendo.
Aparentemente gustaba ver en los pastos al pájaro meciendo la neutralidad (¿su neutralidad?).
Laceraba el antagónico y abrupto relieve, el áspid, donde yacen todos los sortilegios del mundo.
La filosa huella que consterna al hombre.
Ni la nieve ya ronda el ocre de la foto donde la noche penetra los juncos derramados
Y se escuchan las voces de los muertos.
También tuvo suerte el ruiseñor pero una advenediza imagen nos hizo a otros sitios, ya invisibles.
Si pudiera abrazar la demoledora razón que nos habita, y nos arroja al fuego de estos años,
Como pétreas máscaras, como torpes animalejos dispuestos a morir en una obsesión que va más allá de los límites,
De ese indescriptible aroma que nos impone el nogal, las aguas de un río, o la palabra eternidad.
Los días van transcurriendo.
Por la ranura admito el vértigo. las canijas luces del Oráculo de los hombres,
Donde una vez resurgían las sombras, la ceniza, y la tierra del anacoreta era un sitio de reposo.
Allí hubiera repasado estas – mis – palabras,
Como ahora deletreo la mano arrugada y temblorosa frente a este sosiego que me impone el mar,
El reflejo de las aguas que alguna vez cubrieron esta Isla. el mapa que se distiende invade el lúdico escenario.
Gustaba tomar esos vinillos a la hora de la cena. la multitud seguía impenitente.
La fatiga ha devorado los contornos de un árbol, los trasnochados aromas de una estación que nunca pude precisar.
los temores me encumbran y veo que estoy solo en la fachada de la foto,
justo donde el ocre se adueña de los que compartían el sitio. adentro hay sombras, y palabras,
y algo de luz (¿pudiera ser posible?). afuera, apenas sucede el mediodía y queda, quizás,
el rocío entre los geranios del patio. cansado miro el horizonte donde advierto el canto de un ave,
el gemido de un animal nocturno, y siento que alguien se acerca y merodea el sitio de reposo.
esperanzado, descorro las cortinas.
Los días van transcurriendo.


Poema Al fondo el agreste paisaje. la inusitada noche - Luis Manuel Pérez Boitel