Poesía española

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Dikt Han vuelto los tambores

Hay que ayudar a Tarzán
A reconstruir la selva
Los animales también aportarán lo suyo
Y un día no muy lejano
Veremos al mono feliz
Colgado del árbol más hermoso
Como en las tardes inolvidables del cine
Y las revistas animadas
Qué tiempos aquellos
Los elefantes estaban seguros
Que vivirían cien años
Y el cocodrilo soñaba con ser
El malo de la película
Pero el hombre llegó
Con una industria bajo el brazo
Llegó derribando montañas
Llegó a silenciar las cascadas
A derramar esquirlas y muerte
Al paraíso sagrado de las moscas
Avanzó con su tenaza cortando
Hiriendo, acorralando
Se abrió paso entre el follaje
Dejando la suave marca del acero
Y la sonrisa de la pólvora
Hizo camino de las flores
Se aprovechó de la semilla
De la piedra, de la rama
Rapó la mejilla del indio
E instaló su reino aguas arriba

Donde la luna de vez en cuando
Bajaba a beber
Y a conversar con las cenizas
Todo se convirtió en ciudad
O campo ajeno
Todo se lo llevó el cemento
Y aparecieron razas nuevas
Y nuevas enfermedades
Nuevas historias salidas
De países poderosos
Con mucho oro y páginas de odio
Con muchos rifles
Y cadenas recién pintadas
Tarzán entonces trató de hablar
Y fue acusado de herejía
Y declarado enemigo de Su Majestad
Y de los piojos de la corona
A Jane le sucedió algo parecido
Y debió correr a casa de su madre
Y esconderse bajo la cama
Para no ser encontrada
Del grueso de los animales
Nunca más se supo
Cuentan las malas lenguas
Como el león luchó en vano
Durante siglos
Y los pocos ejemplares sobrevivientes
Tuvieron que huir muy lejos
Y así evitar el exterminio
El resto no corrió la misma suerte
Cayeron en la trampa del marfil
Y del colmillo traicionero

Por otro lado el negro cambió de color
Y fue más claro hasta hacerse irreconocible
Otros se mantuvieron intactos
Pero el destino los durmió en un sueño amargo
Los sedujo en una feria de alacranes
Y acabó por retorcerse en cada uno de sus labios
Al tigre se le cayeron las muelas
El agua pensó en envejecer
La víbora nadó en su propio veneno
El ciervo y la polilla sólo deseaban la muerte
Pero una noche un grito sacudió la selva
Se propagó hasta confundir la tierra
Hasta pelar las tripas
Del más crudo de los chacales
Era Tarzán quien regresaba
Tarzán desde la liana de los años
Tarzán entre las canas de una jaula
Venía para quedarse
Venía cuchillo en mano a liberar las ataduras
A castigar los torsos blancos
Y ellos tuvieron que retroceder
Tuvieron que tragarse sus propias pisadas
Tuvieron que guardar sus trofeos
Sus pieles, sus fotografías
Mientras el cielo contemplaba emocionado
Y una canción se derramaba en la niebla
«Sonríe niña y oye los tambores
Porque el sonido de mi llama ensangrentada
Está más verde y más vivo que nunca
Sonríe niña, sonríe
Porque he sembrado en el huerto de mi alma
Tu voz morena que florecerá por siempre»



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Dikt Han vuelto los tambores - Mario Meléndez