Poesía española

Poemas en español


Poema El faro de colonia

El empedrado áspero y desnivelado en la calle de los Suspiros y el muro aún enhiesto,
Con sus piedras quietas, como enarbolado el portal de la ciudad lusa en las riveras del río ancho.
Los mosquetes de Manuel de Lobo permanecen silenciosos a la espera del invasor ibérico.
Las casas empedradas con techos a dos y cuatro aguas tienen sus fogones encendidos mientras tomamos mate.

El suelo apoyado en rocas cristalinas aflora en mares de piedra.
Absorbo el aire puro del Plata y me abandono al tiempo y sus máquinas.
Ahora no impera la impaciencia en mi pecho,
Ni el escrúpulo de yacer bajo una transparencia ambarina en las rocas de la rivera
Con la mujer que amo La puesta de sol de finales de febrero es un soplo de vida.
El juicio se extravía, asume el sueño completo y espectral de siglos antepuestos.
Pedro Antonio de Cevallos llega repentino cuando se prolonga la humedad
Del marjal en las paredes y la escasa luz de las farolas.

Tal vez Pablo me entienda en la posada de San Antonio
Y mire a través del faro la distancia y la quietud de las olas en las rompientes.
Quizás los adoquines de su calle hayan ajado su rugosidad con tantos pasos de extranjeros.
Pero el tiempo quimérico no tiene época en Colonia del Sacramento.
Yo sé que Pablo me entiende cuando la ciudad queda atrapada en la memoria
Y en el instante en que los fantasmas están presentes en nuestra mesa
Y se amparan en la oscuridad que arroja el río en la madrugada

En la vaguedad de la somnolencia escucho el chirrido de una puerta de alerce,

Miro hacia el jardín poblado de hibiscos y lapachos y en los racimos rojos de los ceibos,
En la callejuela vacía, una viuva regresa al nido desde la torre de la iglesia de la ciudad vieja.


Poema El faro de colonia - Sergio Badilla Castillo