Poesía española

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Dikt Mi «amiugo» de la infancia

¿Para qué la jornada
Muy larga y recargada de trabajos
Si al final la escalada
Despeña al hombre a los avernos bajos?

Ya caído en desgracia
El hombre niega haber errado el paso.
Afirma ser falacia
Lo que exhibe el rigor de su fracaso.

Y el sitial adquirido,
Mundano portavoz del Poderoso,
Aprovecha dolido
Rechazando al amigo cual leproso.

Lo exhibe, desbocado,
Y en pretendido juicio hacia el destino
Dice que es condenado
Por su pública fe de otro camino.

Reencarnar es mentira
Concebida por mentes enfermizas,
Asegura con ira,
Y un solo cuerpo hay…. luego cenizas.

Insistente ha fijado
Su vista saturada en tonto orgullo
A quien ha dedicado
El «furor divinal»que es sólo suyo.

El que fue campesino
Es ministro locuaz y remilgado;
Y mañana el destino
Bien lo podría ungir sabio afamado.

¿Será un monje budista
El nirvana buscando en las estrellas?
¿O destacado artista
Que proyecte de Dios sus obras bellas?

Todo puede ocurrir
En el plano infinito de universos;
No cabe disentir
Ni cabe rehusar a ser conversos.

Cristo mismo enseñaba
Que a Elías y al Bautista, itinerantes,
La misma alma anidaba
Pero para Él no precedió nadie antes.

En cuanto al buen «amiugo»,
Oro al Señor porque complete airoso
Su vocación que plugo
A Dios mismo sembrarle con Su gozo.

Otra vida y pendiente
En ascenso de espíritu y conciencia,
Hasta alcanzar prudente
De la inmortalidad ser quintaesencia.

MEMORIA: Sábado 6 DE JUNIO DE 1959 El director de la escuela secundaria, Profr. Miguel Angel Arvizu Morales, hizo una pregunta a cada alumno sobre los planes de vida de cada quien. Dos dijimos querer ser sacerdotes, mi amigo Hugo lo es a 55 calendarios de distancia de aquella fecha y sigue firme. Yo no tuve la perseverancia ni siquiera como creyente.



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Dikt Mi «amiugo» de la infancia - Antonio Munguia