Poesía española

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Poema Infancia y muerte

Para buscar mi infancia, ¡Dios mío! Palomares vacíos.
Comí naranjas podridas, papeles viejos.
Y encontré mi cuerpecito comido por las ratas,
en el fondo
del aljibe, con las cabelleras de los locos.
Mi traje de marinero
no estaba empapado con el aceite de las ballenas,
pero tenía la eternidad vulnerable de las fotografías.
Ahogado, sí, bien ahogado. Duerme, hijito mío, duerme.
Niño vencido en el colegio y en el vals de la rosa herida,
asombrado con el alba oscura del vello sobre los muslos,
agonizando con su propio hombre que masticaba tabaco en
(su costado siniestro.
Oigo un río seco lleno de latas de conserva
donde cantan las alcantarillas y arrojan las camisas llenas
(de sangre,
un río de gatos podridos que fingen corolas y anémonas
para engañar a la luna y que se apoye dulcemente en ellos.
Quí solo con mi ahogado.
Aquí solo con la brisa de musgos fríos y tapaderas de hojalata.
Aquí solo, veo que ya me han cerrado la puerta.
Me han cerrado la puerta y hay un grupo de muertos
que juega al tiro al blanco y otro grupo de muertos
que busca por la cocina las cáscaras de melón,
y un solitario, azul, inexplicable muerte
que me busca por las escaleras, que mete las manos en el aljibe
mientras los astros llenan de ceniza las cerraduras de las catedrales
y las gente se quedan de pronto con todos los trajes pequeños.
Para buscar mi infancia, ¡Dios mío!
Comí limones estrujados, establos, periódicos marchitos,
pero mi infancia era una rata que huía por jardín oscurísimo,
una rata satisfecha mojada por el agua simple,
una rata para el asalto de los grandes almacenes
que llevaba un anda de oro entre sus dientes diminutos
en una tienda de pianos asaltada violentamente por la luna.

7 de octubre de 1929
New York


Poema Infancia y muerte - Federico García Lorca