Poesía española

Poemas en español

Dikt El espejo

I
En soledad no estoy solo; alguien vive dentro de mí.
Narciso ve en el agua un ser que no es él mismo;
Se inclina ávidamente buscando su secreto,
Pero descubrirlo es entrar en la muerte.
El que se asoma a un espejo está cogido:
Le sorprenden los misterios imprevistos.
Al tenue resplandor de las brisingas
Surgen los jardines abisales del delirio.
Levísimo, cantando, muy lejos, en el fondo,
Algo me arrastra suavemente a su sima;
Me dan miedo esos ojos, mis ojos, tan extraños
Cuando desde el alinde me miran implacables.
Su presencia, mi reflejo, me vuelve hacia mí mismo,
Me hunde poco a poco en mis céntricos abismos,
Me lleva hasta esa blanca catedral del silencio
Donde la luna es la virgen desnuda que yo adoro.
Un fantasma se levanta de mis ruinas congeladas
Y soy yo, soy yo mismo, mi doble;
Oigo su voz que es un frío en mis huesos,
Su voz que me revela… No sé; no recuerdo.
¡ Oh virgen de los lívidos ojos desorbitados,
Envuelta en un halo de plata violeta,
De palidez nocturna, de frío de menta,
Virgen desamparada en la orilla del cielo!
Luz cenital; sala de mármol:
Sobre el blanco pavimento estás tendida,
Desnuda y desangrada, no dormida,
Soñada por la luna de los asesinatos.
No sonriendo, ni triste, ni severa,
Hierática en la altura de un silencio,
Mirándome y mirándote en mis ojos
Absortos como un mar frío y sin sueño.

II
Ángel de mis aguas quietas que llega del misterio
Y me mira con sus ojos abiertos como heridas;
Ángel que, rechazado, paraliza
Mi cuerpo frente al suyo en el espejo.
Frente a frente, tensando la obsesión del enigma,
Tendíamos tú y yo los hilos de la trampa:
Era ese silencio del que ya no se sale,
Un silencio dulcísimo: la muerte.
Por los atrios vacíos, por las plazas vacías,
Por las deshabitadas ciudades de asfalto,
Destrenzada, romántica, huyendo de sí misma,
La luna iba llorando su soledad polar.
La noche levantaba los brazos a lo alto,
Corría entre las blancas estatuas de mármol.
Loco de soledad y de silencio,
Yo hacía equilibrios al borde del espanto.
Mis manos se agarraban como raíces a la tierra,
Mis ojos se abrían como una luz a gritos;
Aterrado de verme convertido en esfinge,
Yo huía de mi enigma, huía de mí mismo.
Estallaban las blancas clausuras de lo abstracto
En un vuelo libre de pájaros ebrios;
Yo decía llorando: «La luna me domina,
Soy hombre, sólo un hombre, libradme del misterio.»
Presencia misteriosa perdida o desechada,
Fuiste obsesión, locura; hoy sólo eres nostalgia
Mientras en mis ojos azules de mar muerto
Pasa como un témpano lentísimo el silencio.




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Dikt El espejo - Gabriel Celaya