Poesía española

Poemas en español


Dikt Un hombre afortunado

Son las 09.00.

Procuro no hacer ruido al levantarme.

Ángeles duerme.

Voy al cuarto de baño

Y me lavo las manos

Y la cara. entro en la cocina

Y enciendo el fogón eléctrico

Para que vaya calentando mientras

Abro mi estuche

Y saco el medidor de glucosa

Y le inserto una tira reactiva

Y saco el pinchador

Y le inserto una lanceta.

Pínchate en la parte lateral de los dedos,

Me aconsejó una enfermera en el hospital,

Así no perderás sensibilidad en las yemas.

Acerco la gota de sangre

Al extremo de la tira reactiva.

Al cabo de medio minuto

Aparece una cifra

En la pantalla líquida

Del medidor de glucosa.

164.

O sea: 34 mg por encima

Del nivel normal de azúcar en sangre,

Que antes de las comidas

No debería sobrepasar los 130

Ni descender por debajo de 70.

A continuación, cojo la pluma precargada

(y digo pluma porque su aspecto y tamaño

Son los de una pluma estilográfica)

Y le retiro el capuchón

Y la giro suavemente

Hacia delante y hacia atrás

Hacia arriba y hacia abajo

10 veces,

Hasta que la insulina se mezcla uniformemente.

Luego enrosco una aguja en el extremo de la pluma,

Selecciono las unidades de insulina (12)

Y me inyecto en el brazo izquierdo, por debajo de la piel.

Las 09.10.

Ángeles todavía duerme.

Su cabeza dentro del hueco

Que ha dejado en la almohada la mía.

Vuelvo a la cocina

Y me preparo el desayuno:

12 gramos de margarina,

60 de pan integral

Y 200 cc de leche desnatada, sola,

Con café, malta o té. con café.

Miro a través de la ventana

Mientras desayuno en silencio:

Una mujer sacude una alfombra,

Pasa el camión del butano,

El perro de un viejo marica

Ataca ladrando a un patriarca gitano,

El gitano amenaza al perro con un bastón,

El perro retrocede pero no deja de ladrar.

Ángeles se da la vuelta en la cama.

La miro.

cómo duerme.

cómo sueña.

Y sé

Que todo está bien

Que no tengo ningún derecho a quejarme

Que soy un hombre afortunado

Que no le puedo pedir más a la vida

Que es suficiente

Conque ella

Esté

Ahí.


Dikt Un hombre afortunado - David González Sparrings